CAJÓN DE SASTRE: Una forma rígida: la sextina, por Raúl Molina – Febrero 2013




         La sextina es una forma de canción provenzal de composición rigurosamente fija. Está formada por treintainueve versos, normalmente endecasílabos, aunque puedan darse variaciones en algunas composiciones en las que aparezcan combinados con los heptasíblabos. Se dividen en seis estrofas de seis versos cada una más una estrofa de cierre de tres versos que recibe en occitano el nombre de envoi o tornada (contera en castellano). Con tan solo estos datos podemos dar cuenta de su rigidez, sin embargo no acaban aquí las instrucciones de uso de esta forma. Lo verdaderamente curioso y complicado de las sextinas es que cada uno de los seis versos de una estrofa acaban con una palabra que se irá repitiendo a final de verso en las siguientes estrofas a partir de unas reglas que todavía encorsetan más la composición: las palabras rima de los tres primeros versos de una estrofa  bajan de posición, de forma que la que ha aparecido en el primer verso aparecerá en el segundo de la siguiente, la del segundo verso en el cuarto y la del tercero en el sexto; las tres palabras rima de los tres últimos versos de la estrofa ocupan los versos restantes en un orden inverso, de forma que la que ha aparecido en el sexto verso aparecerá en primero, la del quinto pasará al tercero y la del cuarto al quinto.


Representación gráfica del algoritmo en que se basa formalmente la sextina
Así, en la sexta estrofa la palabra rima del sexto verso será la palabra rima del primer verso de la composición, de forma que si aplicáramos de nuevo la norma obtendríamos una estrofa idéntica a la primera en cuanto a la rima. Por último, en la contera deben aparecer las seis palabras rimas utilizadas a lo largo de la sextina de la forma siguiente: en el el primer verso deben aparecer las dos primeras palabras rima utilizadas, la primera dentro del mismo y la segunda en posición de rima; en el segundo deben aparecer las dos segundas, es decir, las correspondientes a los versos tres y cuatro de la primera estrofa, la primera de ellas en el interior de verso y la siguiente en posición de rima; en el último verso se sigue el mismo procedimiento con las palabras rima de los versos quinto y sexto de la primera estrofa de la sextina. El esquema de toda la composición es el siguiente:

Estrofas
Verso 1
A
F
C
E
D
B
(A) B
Verso 2
B
A
F
C
E
D
(C) D
Verso 3
C
E
D
B
A
F
(E) F
Verso 4
D
B
A
F
C
E

Verso 5
E
D
B
A
F
C

Verso 6
F
C
E
D
B
A



Manuscrito
         Al inicio hemos apuntado que su origen se remonta a la canción provenzal, lo que nos lleva directamente a la Edad Media. El inventor de este tipo de composiciones fue Arnaut Daniel, un trovador nacido cerca de 1150 en Riberac. Tan solo dieciocho poesías suyas han llegado hasta nuestros días, cuyo análisis nos permite ubicar su poética en la tendencia más culta, técnicamente trobar clus o trobar ric, cuyo  fundamento es que el trabajo sobre las formas prime sobre el contenido mismo de la composición, de manera que el placer estético producido, en mayor orden de importancia que cualquier otro elemento, sea directamente proporcional a la plástica de la forma obtenida. Este no debía ser satisfecho en un primer momento, sino que debe llegar al ser releído, reescuchado. No es nada descabellado pensar que a la sombra de una ideología literaria de este tipo se gestara la sextina. “Lo ferm voler que el cor m’intra” fue la primera de ellas, en la que además Arnaut Daniel deja entrever su carácter irónico desde los mots refranhs (palabras rima) utilizadas: intra (entra), ongla (uña), arma (alma), verga (vara), oncle (tío), cambra (habitación):


Lo ferm voler qu’el cor m’intra
no’m pot ges becs escoissendre ni ongla
de lauzengier qui pert per mal dir s’arma;
e pus no l’aus batr’ab ram ni verja,
sivals a frau, lai on non aurai oncle,
jauzirai joi, en vergier o dins cambra.

Quan mi sove de la cambra
on a mon dan sai que nulhs om non intra
-ans me son tug plus que fraire ni oncle-
non ai membre no’m fremisca, neis l’ongla,
aissi cum fai l’enfas devant la verja:
tal paor ai no’l sia prop de l’arma.

Del cor li fos, non de l’arma,
e cossentis m’a celat dins sa cambra,
que plus mi nafra’l cor que colp de verja
qu’ar lo sieus sers lai ont ilh es non intra:
de lieis serai aisi cum carn e ongla
e non creirai castic d’amic ni d’oncle.

Anc la seror de mon oncle
non amei plus ni tan, per aquest’arma,
qu’aitan vezis cum es lo detz de l’ongla,
s’a lieis plagues, volgr’esser de sa cambra:
de me pot far l’amors qu’ins el cor m’intra
miels a son vol c’om fortz de frevol verja.   

Pus floric la seca verja
ni de n’Adam foron nebot e oncle
tan fin’amors cum selha qu’el cor m’intra
non cug fos anc en cors no neis en arma:
on qu’eu estei, fors en plan o dins cambra,
mos cors no’s part de lieis tan cum ten l’ongla.

Aissi s’empren e s’enongla
mos cors en lieis cum l’escors’en la verja,
qu’ilh m’es de joi tors e palais e cambra;
e non am tan paren, fraire ni oncle,
qu’en Paradis n’aura doble joi m’arma,
si ja nulhs hom per ben amar lai intra.

Arnaut tramet son chantar d’ongl’e d’oncle
a Grant Desiei, qui de sa verj’a l’arma,
son cledisat qu’apres dins cambra intra.

Versión musical:



         Siglos después,  Dante, admirador de Arnaut Daniel escribe una sextina simple y una doble, introduciéndola en la Península Itálica, donde Petrarca, con nueve composiciones la llevó las más altas cotas de perfección humanista:


Tras tres días creada el alma en parte
ya podía aplicarse a cosas nuevas,
y despreciar lo para muchos premio;
y así dudosa de su escrito curso,
pensando, sola, principiante, y libre
en primavera entró en un bello bosque.

Había tierna flor en aquel bosque
el día antes arraigado en parte
que no podía alcanzar el alma libre;
pues tales lazos vi de formas nuevas,
e incitaba tal placer allí mi curso,
que perder libertad era allí el premio.

Caro, alto, dulce, y fatigoso premio,
¡qué presto me volviste al verde bosque,
desviándome en mitad de este mi curso!
Después busqué en el mundo, parte a parte,
verso, piedra o jugo de hierbas nuevas,
que me hiciesen la mente otra vez libre.

Mas, ay, que hoy veo que la carne libre
será del nudo donde está su premio,
antes que antiguas pócimas o nuevas,
sanen la herida que formó aquel bosque,
lleno de espinas, donde hallé tal parte
que cojo salgo de él, y entré en gran curso.

Por entre abrojo y lazo un duro curso
llevo al final, donde ligera y libre
planta conviene, y sana en toda parte.
Mas Tú, Señor, que por piedad das premio,
dame Tu mano diestra en este bosque;
venza Tu sol a mis tinieblas nuevas.

Guárdame bien de las delicias nuevas,
que, interrupiendo de mi vida el curso,
me han hecho habitador de umbroso bosque;
vuelve, si puede ser, sin lazo y libre
mi errante esposa, y tuyo sera el premio,
si la he de hallar contigo en mejor parte.

Parte por parte he aquí mis dudas nuevas:
si algún premio merezco, o perdí el curso,
si el alma es libre, o se quedó en el bosque.




Fernando de Herrera
         La expansión del humanismo y del Renacimiento italiano por Europa es la clave para entender cómo el magisterio de estos dos grandes poetas llega a tierras españolas. Podríamos decir que la sextina llega a través de la corriente italianizante, del Canzionere de Petrarca, sin embargo una composición se sale de esta regla, una sextina de Trillas y Mosén Crepí de Valldaura, incluida en el Cancionero General de 1511. Pese a esta excepción, los poetas españoles del siglo XVI crean sus sextinas tomando como referencia a los grandes poetas italianos. La cultura se italianiza y la sextina se convertirá en una forma poética con la que mostrar la gran capacidad de manejo de la lengua que poseían algunos creadores.
         Los preceptistas del Renacimiento todavía hicieron más rígida la composición con nuevas normas: los versos debían ser siempre endecasílabos, tenía que darse una relación exacta entre verso e idea para evitar los encabalgamientos, las palabras rima debían ser sustantivos bisílabos y la temática elevada, principalmente amorosa. Sin embargo, pocos se sometieron a tales ataduras.
         Si durante el Renacimiento español hubo un poeta que se caracterizó por su habilidad en la creación de las sextinas, ese fue Fernando de Herrera, quien escribió cuatro. La siguiente es la más conocida de todas ellas:


Al bello resplandor de vuestros ojos
 mi pecho abrasó Amor en dulce llama
 y desató el rigor de fría nieve,
 que entorpecía el fuego de mi alma,
 y en los estrechos lazos de oro y hebras
 sentí preso y sujeto al yugo el cuello. 

 Cayó mi altiva presunción del cuello,
 y en vos vieron su pérdida mis ojos,
 luego que me rindieron vuestras hebras,
luego que ardí, señora, en tierna llama;
 pero alegre en su mal vive mi alma,
 y no teme la fuerza de la nieve. 

 Yo en fuego ardo, vos heláis en nieve,
 y, libre del Amor, alzáis el cuello,
ingrata a los tormentos de mi alma;
que aun blandos a su mal no dais los ojos.
 Mas siempre la abrasáis en viva llama
 y sus alas prendéis en vuestras hebras. 

 Viese yo las doradas ricas hebras
bañadas de mi llanto, si la nieve
 vuestra diese lugar a esta mi llama;
 que la dureza de este yerto cuello
 la pluvia ablandaría de mis ojos
 y en dos cuerpos habría sola un alma. 

La celestial belleza de vuestra alma
 mi alma enlaza en sus eternas hebras,
 y penetra la luz de ardientes ojos,
 con divino valor, la helada nieve,
 y lleva al alto cielo alegre el cuello
que enciende el limpio ardor inmortal llama. 

 Amor, que me sustentas en tu llama,
 da fuerza al vuelo presto de mi alma,
 y, del terreno peso alzando el cuello,
 inflamarás la luz de sacras hebras;
 que ya, sin recelar la dura nieve,
 miro tu claridad con puros ojos. 

 Por vos viven mis ojos en su llama,
 ¡oh luz del alma!, y las doradas hebras
la nieve rompen y dan gloria al cuello.


         Uno de los contextos en los que nos encontramos con varias sextinas es el de la novela pastoril. En este tipo de obras en prosa se introducían numerosas composiciones líricas que se ponen en voz de los pastores, quienes conviven en un prado idealizado, un beatus ille, contándose historias de sus amores, afortunados o no. La siguiente aparece en la obra de Gaspar Gil Polo, Diana enamorada (1564):


La hermosa, rubicunda y fresca aurora
ha de venir tras la importuna noche;
sucede a la tiniebla el claro día.
Las ninfas saldrán al verde prado,
y el aire sonará del suave canto
y dulce son de cantadoras aves.

Yo soy menos dichoso que las aves,
que saludando están la alegre aurora,
mostrando allí regocijado canto.
Que al alba triste estoy como a la noche,
o esté desierto o muy florido el prado,
o esté nubloso o muy sereno el día.

En hora desdichada y triste día
han muerto fui que no podrán las aves
que en la mañana alegran monte y prado,
ni el rutilante gesto de la aurora
de mi alma desterrar la oscura noche       
ni de mi pecho el lamentable canto.

Mi voz no mudará su triste canto
ni para mí jamás será de día,
antes me perderé en perpetua noche,
aunque más canten las parleras aves
y más madrugue la purpúrea aurora
para alumbrar y hacer fecundo el prado.

¡Ay, enfadosa huerta! ¡Ay, triste prado!
Pues la que oír no puede este mi canto
y con rara beldad vence la aurora,
no alumbra con su gesto vuestro día,
no me canséis, ¡ay, importunas aves!,
porque sin ella vuestra aurora es noche.

En la quieta y sosegada noche,
cuando en poblado, monte, valle y prado
reposan los mortales y las aves,
esfuerzo más el congojoso canto,
haciendo lloro igual la noche y día,
en la tarde, en la siesta y en la aurora.

Sola una aurora ha de vencer mi noche
y si algún día ilustrara este prado,
darame contento el canto de las aves.


         También Miguel de Cervantes introduce una sextina en La Galatea (1585). La habilidad de Cervantes para introducir pequeños relatos en prosa en obras mayores está fuera de toda duda y es absolutamente usual en sus obras, un rápido vistazo a Don Quijote de La Mancha basta para refrendar esta afirmación, sin embargo aquí estamos hablando de insertar poemas perfectamente conectados con la acción amorosa de la novela, no de historias insertadas con calzador, que poco o nada tienen que ver con la historia principal:


En áspera cerrada oscura noche,
sin ver jamás el esperado día,
y en contino crecido amargo llanto,
ageno de placer, contento y risa
merece estar, y en una viva muerte,
aquel que sin amor pasa la vida.

¿ Qué puede ser la más alegre vida
sino una sombra de una breve noche,
o natural retrato de la muerte,
si en todas quantas horas tiene el día,
puesto silencio el congojoso llanto
no admite del amor la dulce risa?

Do vive el blando amor, vive la risa,
y a donde muere, muere nuestra vida,
y el sabroso placer se vuelve en llanto,
y en tenebrosa sempiterna noche
la clara luz del sosegado día,
y es el vivir sin él amarga muerte.

Los rigurosos trances de la muerte
no huye el amador, antes con risa
desea la ocasión, y espera el día
donde pueda ofrecer la cada vida
hasta ver la tranquila última noche,
al amoroso fuego, al dulce llanto.

No se llama de amor el llanto llanto,
ni su muerte llamarse debe muerte,
ni a su noche dar titulo de noche:
su risa si llamarse debe risa,
y su vida tener por cierta vida,
y solo festejar su alegre día.

¡O venturoso para mí este día
do pido poner freno al triste llanto,
y alegrarme de haber dado mi vida
a quien dármela puede, o darme muerte!
¿ más que puede esperarse sino es risa
de un rostro que al sol vence y vuelve en noche?

Vuelto ha mi escura noche en claro día
Amor, y en risa mi crecido llanto,
y mi cercana muerte en larga vida.


         A caballo entre los siglos XVI y XVII, concretamente entre 1598 y 1603, Lope de Vega experimentará con ella insertándola en las primeras jornadas de cuatro de sus obras teatrales: El marqués de Mantua, El honrado hermano, La escolástica celosa y El remedio en la desdicha, de la que ha sido extraída la siguiente:


Hermosas, claras, cristalinas fuentes,
jardines frescos, celebrados árboles,
que aquí me vistes de Jarifa hermano,
ya no soy el hermano de Jarifa;
ya puedo ser su amante y ser su esposo
dad todos parabién a Abindarráez.

Ya no soy aquel triste Abindarráez
que os daba tanto llanto, puras fuentes;
ya no escribiré hermano, sino esposo,
por las cortezas de los verdes árboles.
Pero, si no me quiere mi Jarifa,
¿Cuánto mejor me fuera ser su hermano?

Mas, aunque no me quiera, el ser su hermano
ya quita la esperanza a Abindarráez
de la gloria que el alma ve en Jarifa.
dirán que esto es verdad las sordas fuentes,
y sus hojas harán lenguas los árboles.
Tanto es el bien de poder ser su esposo.

Si sólo el ser posible ser su esposo
estorbaba del todo el ser su hermano,
jardines, hiedras, flores, plantas, árboles,
aquí, donde lloraba Abindarráez,
hechos sus ojos caudalosas fuentes,
aquí se llama esposo de Jarifa.

¡Cielos ! ¿Que gozar puedo de Jarifa?
¿Que ya es posible que yo sea su esposo?
Riendo lo murmuran estas fuentes,
que me llamaron tristemente hermano.
Decid que soy su esposo Abindarráez;
que el viento os dará voz, amigos árboles.

¡Qué de veces al pie de aquestos árboles
miré los bellos ojos de Jarifa,
y ella me dijo, "¡Hermano Abindarráez!"
Pues ya su esposo soy, no soy su hermano,
o a lo menos ya puedo ser su esposo.
Decídselo, si vuelve, claras fuentes.

Fuentes, ya cesa el llanto; verdes árboles,
ya parto a ser esposo de Jarifa,
Que ya no soy su hermano Abindarráez.


         En este paso hacia el barroquismo del siglo XVII la sextina cae en desuso: para Cervantes la última sextina fue la que hemos reproducido anteriormente, Lope de Vega escribirá la última en 1604, mientras que Quevedo y Góngora ni siquiera lo intentarán. En estos años, tan solo poetas como el Príncipe de Esquilache o Francisco de Rioja realizarán alguna:


Crespas, dulces, ardientes hebras de oro
que ondas formáis por la caliente nieve,
¿cuándo veré salir las albas luces,
contento de encenderme en vuestro fuego,
que desee de volver al triste llanto,
bañado en cana espuma como cisne?

Igual entonces el Tebano Cisne,
siempre ilustrara los celajes de oro
por quien el corazón destilo en llanto,
o asombren sueltos la purpúrea nieve
que esparce rayos de invisible fuego,
o recojan en áurea red sus luces.

Mas mientra viere tus divinas luces,
no desharé de andar, cual blanco cisne,
cantando en muerte el amoroso fuego
en que me encienden, i los cercos de oro
que me desata, como el sol la nieve,
por los ojos confino en dulce llanto.

Siempre resuelto estoy en puro llanto,
salgan de Phebo o del Dragón las luces,
calla dulce rocío o calla nieve;
i aunque más dulce cante que albo cisne,
nunca veré el compuesto en nieve i oro
con blandos ojos a mi ardiente fuego.

¡Ô si ya consumiese el duro fuego
el miserable corazón en llanto,
i nunca viesen más bordarse en oro
el cielo a la mañana acuestas luces!,
pues ardo siempre en ondas como cisne
cuando sale la noche i cae la nieve.

Bien sé, triste, que puede arder la nieve
cuando se acabe mi infinito fuego,
i que abitar en él bien puede el cisne
cuando toque piedad del grave llanto
a mi Eleodora en sus acerbas luces,
i cuando esté ligado en lazos de oro.

Pues no me enlaza el oro ni la nieve,
den fin tus luces a mi ardiente fuego,
i en llanto i muerte cantaré cual cisne.



Jaime Gil de Biedma
         Desde las últimas composiciones del Príncipe de Esquilache la sextina cae en una situación de abandono total hasta bien entrado el siglo XX. A mediados de siglo, Jaime Gil de Biedma inicia su andadura poética, asentando sus composiciones en la poética de Luis Cernuda, de la que se declara fiel admirador, y en gran parte de la poesía en lengua inglesa. Él mismo reconoció que entró en contacto con esta forma a través de una sextina renacentista inglesa de Sir Philip Sydney y de la famosa “Sestina: Altaforte” de Ezra Pound. A su vez, se declaraba conocedor de la que W.H. Auden incluyó en The sea and the mirrow y admirador de la que escribió T.S. Elliot en la segunda parte de Dry Salvages. Gil de Biedma, un poeta con vocación por el verso libre, decidió aventurarse por ella debido a su rareza, para distanciarse de las formas utilizadas con profusión a lo largo de la historia, que suelen sonarnos a ellas mismas. Pero la única novedad no fue la recuperación de esta forma tras varios siglos de ausencia, sino que además la sextina de Gil de Biedma es de temática política, rompiendo completamente con el molde de utilizarla para temas amorosos:


Apología y petición

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.


         Desde la aparición de “Apología y petición” en Moralidades (1966) en la poesía española se dio una recuperación de la sextina. Su utilización no ha sido muy común, en parte debido a las características de la poesía actual, pero sí que han venido incluyéndose algunas en distintos poemarios, principalmente en publicaciones relacionadas con los círculos experiencialistas, debido a la relevancia del magisterio de Biedma en su poética de grupo y a la importancia que para ellos tiene la tradición poética en lengua castellana. Sin ir más lejos, Javier Salvago, importante representante de esta vertiente poética, incluye una en Nada importa nada  (2011), “La poesía”, en la que se cuestiona sobre el valor que la poesía ha tenido a lo largo de su vida:


La poesía

Durante muchos años, lo fue todo.
Pusiste en ella tus mejores sueños.
Le diste lo mejor de ti y tu tiempo
esperando llegar a ser tú mismo.
Durante muchos años, fue el sentido
y la razón de ser de tu existencia.

Ahora que el final de tu existencia
se acerca y que se va acabando todo,
sin ilusiones vanas, sin sentido
-pues ella era el sentido-, ya sin sueños,
asumes lo que ves como tú mismo
y te aceptas después de tanto tiempo.

Te preguntas: ¿gané con ella el tiempo
o fue tiempo perdido? Tu existencia
sabes muy bien que no sería lo mismo
sin ella. Pero a veces crees que todo
habría sido más fácil sin los sueños
de gloria que nublaron tu sentido.

Sientes que en este mundo sin sentido
en el que dicen que hasta es oro el tiempo,
habría sido mejor dejar los sueños
y creer solamente en la existencia
de lo contante y lo sonante. Todo
lo que no es eso, sobra y da lo mismo.

¿De qué valió esforzarte en ser tú mismo
y en buscarle a las cosas su sentido?
Sobrevivir un día más es todo
sin otro afán que ver pasar el tiempo.
Hacia la mar discurre tu existencia.
Y es otra la materia de tus sueños.

Ella se fue, como llegó, entre sueños,
acaso porque tú no eras el mismo,
dejando más vacía tu existencia.
Y ni puedes decir que lo has sentido.
También uno se cura, con el tiempo,
de sufrir, de escribir, de ser… De todo.

Harto de la existencia, harto de todo,
de los sueños, del mundo y su sentido,
del tiempo, de ella y hasta de ti mismo.


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