REFLEXIONES EN LA BISAGRA: Tierra quemada, por Vicent M.B
Eran las seis y cuarto de la mañana, y aquella noche había hecho calor en Taipei. Cerca como estaba del trópico y del solsticio de verano, y con una hora civil mucho más ajustada a la real que la europea, empezaba a clarear. Otro día de mierda. Encendí de nuevo el aire acondicionado a mi pesar. Un ruido como de motor diésel resonó en aquel minúsculo apartamento y un chorro de aire frío me golpeó la nuca, amenazando con catarros y contracturas varias. Aquel venía siendo mi sino últimamente: o esconderme del golpe directo de frío del aparato y mirar de no obedecer al chorro de decibelios que soltaba o intentar dormir empapado en una calina pegajosa, como hacerlo dentro de una bañera llena de agua humeante. Pedir una persiana, por supuesto, no era más que una muestra atroz de etnocentrismo ibérico. No se puede ser tan paleto. Yo lo era. Y a esas alturas ya estaba harto de chinos. Taipei es China. De hecho, cuando yo estuve por allí, durante el virreinato de Car...