Entradas

REFLEXIONES EN LA BISAGRA: Tierra quemada, por Vicent M.B

Imagen
Eran las seis y cuarto de la mañana, y aquella noche había hecho calor en Taipei. Cerca como estaba del trópico y del solsticio de verano, y con una hora civil mucho más ajustada a la real que la europea, empezaba a clarear. Otro día de mierda. Encendí de nuevo el aire acondicionado a mi pesar. Un ruido como de motor diésel resonó en aquel minúsculo apartamento y un chorro de aire frío me golpeó la nuca, amenazando con catarros y contracturas varias. Aquel venía siendo mi sino últimamente: o esconderme del golpe directo de frío del aparato y mirar de no obedecer al chorro de decibelios que soltaba o intentar dormir empapado en una calina pegajosa, como hacerlo dentro de una bañera llena de agua humeante. Pedir una persiana, por supuesto, no era más que una muestra atroz de etnocentrismo ibérico. No se puede ser tan paleto. Yo lo era. Y a esas alturas ya estaba harto de chinos. Taipei es China. De hecho, cuando yo estuve por allí, durante el virreinato de Car...

EL ARPA DORMIDA: En el zaguán espera la noche, por Ancrugon

Imagen
Llegó un momento en el que comencé a preguntarme por el sentido de mantener una relación que sólo me producía desasosiego e insatisfacción, que parecía existir como tal sólo en mi imaginación o en mi incapacidad para ver la realidad, que me costaba sacrificios y aflicciones, que me hacía descubrir el verdadero rostro de la soledad y vestía mi ánimo con los duros ropajes de la frustración… y no hallaba respuestas… ¿No era una estupidez invertir mis tesoros más preciados en un negocio tan ruinoso y abocado a la quiebra?... Sin embargo, sólo yo no parecía darme cuenta… Y entonces, tras una pequeña separación estival, las cuestiones obtuvieron resultados en forma de dispersas revelaciones y de ir encajando piezas olvidadas del puzle de la memoria y sobrevino el   Descubrimiento Al abrir la puerta, nubes de silencio; al abrir la puerta, el cristal con el hálito de piedra se empaña; bajo el árbol centenario, donde la vida duerme, el ruiseñor su muda c...